El valor de la espera y la seguridad que experimentamos en las promesas de Dios

El valor de la espera y la seguridad que experimentamos en las promesas de Dios

(Eclesiastés 3:1) “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora”

 

Cuando recibimos esa palabra, y esa promesa de Dios que nos llena de tanta alegría y confianza, y nos brinda esa seguridad de que esa promesa tan esperada está próxima a cumplirse, mañana mismo…..pero de repente no necesariamente ocurre así……Hay promesas que toman su tiempo en cumplirse. Pueden ser días, semanas, como pueden ser años. Pero (Habacuc 2:3) nos dice: “que aunque tardará aún por un tiempo, más  se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.

 

Para que esa promesa pueda ser efectiva y fructífera en tu vida debe estar en secuencia con el tiempo predeterminado de Dios.

El orden y el tiempo de Dios es perfecto. Cuando intentamos ayudar a Dios lo que hacemos es retrasar el proceso, y Dios no necesita de nuestra ayuda. Mantenernos en sintonía con Dios nos permitirá caminar hacia la promesa, sin adelantarnos, ni retrasarnos, sino en el paso correcto. Quien diseñó el plan perfecto para nuestra vida, es quien mejor conoce el tiempo en que todo será, conforme a lo que fue establecido por Él, y todo tiene su tiempo.  No olvidemos que sus pensamientos son más altos que los nuestros, y nuestro razonamiento humano nunca alcanzará entender a Dios, pero debemos confiar en Aquel que conoce perfectamente nuestros tiempos y lo que es mejor para nosotros.

 

En muchas ocasiones vemos que Dios contesta las peticiones de los demás primero y queremos que haga así mismo con nosotros, e incluso queremos abandonar y forzar a Dios. No es así, cada proceso, cada promesa, cada milagro tiene su tiempo. Dios diseñó un plan perfecto para cada uno de nosotros, y obra en cada vida conforme a su plan.  Está en nuestra humanidad desesperarnos, pero dejémoslo obrar  en su voluntad perfecta. Siempre terminaremos viendo como esa promesa se cumple fielmente, pero mucho mejor de lo que pudimos imaginar. Dios nunca dejará de sorprendernos cuando en obediencia y pacientemente esperamos en Él.

 

La espera siempre dejará en nosotros algo bueno….un carácter fortalecido, moldeado y transformado….