¿Qué dice la Biblia sobre los Diez Mandamientos?

¿Qué dice la Biblia sobre los Diez Mandamientos?

En Mateo 5:17-19, Jesucristo dijo que no había venido a la tierra para “abrogar la ley o los profetas”—lo que hoy conocemos como Antiguo Testamento. No sólo no anuló los Diez mandamientos, sino que además enseñó cómo aplicarlos más profunda y espiritualmente.

 

Cuando le preguntaron cuál era el mandamiento más importante, Jesús resumió los Diez Mandamientos—y la Biblia entera—diciendo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40).

 

En otras palabras, Cristo reveló el propósito espiritual de los Diez Mandamientos. Los primeros cuatro nos enseñan cómo amar a Dios—y cómo quiere Él que le amemos—mientras que los últimos seis nos enseñan cómo amar a nuestro prójimo.

 

Otra de las instrucciones de Jesucristo es: “si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mateo 19:17). Y, cuando le preguntaron cuáles, mencionó cinco de los Diez Mandamientos y uno de los enunciados que los sintetiza: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo.” (vv. 18-19).

 

En Romanos 7:12, 14, el apóstol Pablo enseña que “la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno…Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido al pecado”. Siendo así, ¿cómo podría un ser humano natural y carnal obedecer esta ley santa y espiritual? Pablo también revela que esto es posible por medio de Jesucristo y la guía del Espíritu Santo (Romanos 7:25; 8:7-9, 14).

 

Jesús no sólo pagó la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados (Romanos 5:9; 6:23; 2 Corintios 5:21; 1 Pedro 1:18-19), sino que además nos muestra la manera y nos da la ayuda necesaria para que sigamos el camino de vida bueno y provechoso de Dios—el camino del amor. Si queremos hacerlo, debemos esforzarnos por cambiar, caminar como Él camina y amar como Él ama (1 Juan 2:6; Juan 13:34). Y, como revelan las palabras de Pablo, la ley de Dios fue establecida justamente para enseñarnos cómo amar (Romanos 13:9-10), pues el propósito espiritual de la ley de Dios es el amor.

 

El obstáculo para obedecer no es la ley; es nuestra debilidad. Pero, siempre que estudiemos la Palabra de Dios y nos esforcemos por obedecerle diligentemente, Él nos ayuda a vencer este obstáculo escribiendo su ley en nuestras mentes y corazones por medio del Espíritu Santo (Hebreos 8:8). Esto es precisamente el fundamento del Nuevo Pacto.

 

En Santiago 1:25 y 2:12, vemos que el autor del libro también se refiere a la ley de Dios como la ley de la libertad. Y en Santiago 1:23-25 la compara con un espejo, explicando que no basta con simplemente mirarnos en él—o sólo tener conocimiento de la perfecta ley de Dios; debemos aceptar la ayuda que Dios nos da para hacer cambios en nuestra vida y amarlo a Él y a nuestro prójimo como su ley nos enseña.