La justificación según Dios viene a través de Jesucristo.

La justificación según Dios viene a través de Jesucristo.

 

Con frecuencia, nos justificamos cuando hacemos algo malo o culpamos a los demás de consecuencias que solo nos han traido nuestras malas decisiones.

En el trabajo cuando algo no sale bien, podemos escuchar autojustificaciones tales como, “esa no es mi responsabilidad” o “¡ese no es mi trabajo!” En medio de conflictos del matrimonio, muchos problemas quedan sin resolverse porque los dos alegan “no fue mi culpa”, “no soy yo el del problema”. En estas situaciones, la culpa parece que se encuentra en otra persona —tal como sucedió en el Jardín del Edén.

Adán y Eva fueron abordados por Dios en el Jardín, después de haber comido del fruto prohibido del árbol de la ciencia del bien y del mal.

“Más el Eterno Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí”.

“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí”.

“Entonces el Eterno Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: la serpiente me engañó, y comí” (Génesis 3:9-13).

Adán le echó la culpa a Eva, quien a su vez culpó a la serpiente. Los dos trataron de justificarse a sí mismos, en lugar de humillarse y admitir sus errores.

La verdadera justificación proviene de un solo lugar

El apóstol Pablo escribió: “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). ¡Todos hemos pecado! Pero afortunadamente, todos podemos en algún momento recibir la justificación. ¿De dónde viene la verdadera justificación?

“Y con el don no sucede como en el caso de aquel uno que pecó; porque ciertamente el juicio vino a causa de un solo pecado para condenación, pero el don vino a causa de muchas transgresiones para justificación” (Romanos 5:16).

¡Hay un camino de vida que conduce a la condenación pero el otro nos lleva a la justificación! Pero, ¿qué significa justificación? Como lo hemos señalado en otros artículos aquí, en Vida, Esperanza y Verdad, la justificación es la declaración de que una persona o cosa es justo. ¿Somos capaces de hacer esto nosotros mismos? ¡Claro que no! “Como está escrito: No hay justo, ni aun uno” (Romanos 3:10). Nosotros no podemos hacernos justos.

La verdadera justificación sólo puede venir de un lugar — ¡Jesucristo! “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).

Hacia donde ir desde aquí

“Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira” (Romanos 5:8-9). ¡La justificación viene de la sangre de Cristo!

La verdadera justificación empieza cuando reconocemos la necesidad de ésta. Necesitamos la ayuda de Jesucristo y la ayuda del Espíritu Santo de Dios para llegar al punto de vernos como somos en realidad y estar dispuestos a reconocer nuestros pecados y nuestros errores.

La justificación implica la aceptación de la sangre de Cristo; implica el compromiso de vivir el camino de vida de Dios. Este compromiso se demuestra a través de la fe, el arrepentimiento y el bautismo.

¡La autojustificación es inútil! “Dios es el que justifica” (Romanos 8:33).