Cómo nos cambia Dios

Cómo nos cambia Dios

De vez en cuando, batallamos con ciertas áreas en nuestras vidas; áreas que desearíamos que fueran diferentes. Pueden ser fallas morales o hábitos que nos desaniman. ¿Cómo quiere Dios que tratemos ésas áreas? ¿Existe un camino para encontrar libertad y un cambio real?.

 

Cuando escuchas la palabra gracia, ¿qué viene a tu mente?

Es la cualidad en el corazón de Dios que hace que no nos trate conforme a nuestros pecados, ni tome represalias contra nosotros conforme a nuestras iniquidades. Es la fidelidad que Dios nos tiene aun cuando nosotros no somos fieles. De hecho, es lo que el amor debe ser cuando se encuentra con lo que no inspira amor, lo débil, lo inadecuado, lo no deseado y lo despreciable. Dios está dispuesto a responder a la necesidad sin tomar en cuenta nuestros méritos. Es favor inmerecido.

La gracia de Dios derrama amor, bondad, favor a todos los que confían en Él. No tienes que ganártela. Sólo tienes que tener una relación con Él para recibir su gracia.

Necesitamos la gracia de Dios mayormente cuando nos damos cuenta de que hay aspectos en nuestra vida que sabemos que están mal, como: malas decisiones, hábitos, conductas de las que nos avergonzamos, áreas que queremos que Dios cambie pero tenemos miedo de que nos condene. Si hemos recibido a Jesús en nuestros corazones, hemos sido declarados de Su propiedad, perdonados y ahora bajo Su gracia. Es Su gracia la que nos libera y nos cambia. Por esto es tan importante que sepamos lo que nos dice la Escritura acerca de la gracia de Dios.

Todos sabemos que dentro de nosotros tenemos una parte mala y una buena. Una parte que queremos que los demás vean (cuando nuestra conducta es aceptable) y otra que preferimos esconder (cosas de las que nos avergonzamos).

 

¿Cómo podemos experimentar la gracia de Dios?

Es difícil entender la gracia sin entender la ley. Vemos la ley perfecta de Dios, Sus mandamientos, cómo quiere Él que vivamos… y francamente no alcanzamos a medirlo. ¿Qué hacemos con la ley, con los mandamientos de Dios? La ley es como un espejo para nosotros. Cuando te miras en un espejo puedes ver una enorme plasta de lodo en tu cara, la cual no sabías que estaba ahí. El espejo no te puede quitar el lodo, pero tú estás muy contento por haber visto esa mancha antes de salir a la calle. En la misma manera, la ley de Dios revela nuestros defectos, nuestros pecados, y estamos agradecidos de poder verlos ya que podemos traerlos ante Dios, y Dios puede lidiar con ellos a través de su gracia. Gálatas 3:24 dice: “De manera que la ley ha sido nuestra guía para llevarnos a Cristo, a fin de que fuéramos justificados por la fe.” Cuando llegamos a Jesús sabemos que necesitamos un Salvador. El hecho es que, siempre, por el resto de nuestras vidas, vamos a necesitar un Salvador.

Hebreos 4:13-16 dice: “Ninguna cosa creada escapa a la vista de Dios. Todo está al descubierto, expuesto a los ojos de aquel a quien hemos de rendir cuentas. Por lo tanto, ya que en Jesús, el Hijo de Dios, tenemos un gran sumo sacerdote que ha atravesado los cielos, aferrémonos a la fe que profesamos. Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado. Así que acerquémonos confiadamente al trono de la gracia para recibir misericordia y hallar la gracia que nos ayude en el momento que más la necesitemos.”