La educación, Dios y los jóvenes

La educación, Dios y los jóvenes

 

La educación y la tecnología están a la vuelta de la esquina y los avances en el área de la internet son cada día más grandes, son a pasos gigantescos y muchas veces esto hace que los jóvenes y niños se alejen de Dios.  Nuestros jóvenes y jóvenes adultos son bombardeados con información de muchas fuentes. El bien y el mal están al alcance de todos, al instante, los extraordinarios avances de la tecnología y la comunicación han abierto nuevas posibilidades y han traído nuevos retos y un alejamiento en lo espiritual.

¿Cómo podemos a ayudar a los jóvenes a seguir el camino de Dios y no a distraerse demasiado con la tecnología? Uno de los puntos importantes al dirigir espiritualmente a un alma es enseñarle a orar, y muchas se preguntarán que cual es el significado de orar, púes muy fácil, es el encuentro íntimo del hombre con Dios en la interioridad del alma.

Existe otra manera de dialogar con Dios, esta es la meditación que es cuando el hombre abre su mente, su voluntad, su corazón, su memoria, su imaginación, para dialogar con Dios, como cuando conversa con un amigo, acerca de un pasaje del evangelio, algún tema de la vida cristiana, o de alguna situación personal. Le pide, le da gracias y conversa como lo hacemos con nuestra familia.

¿Cómo hacer la meditación? Buscar un sitio idóneo, de preferencia aislado, donde uno no esté perturbado por ruido o personas, actuar la conciencia de que Dios está presente allí, un acto de fe en Dios para ponerse delante de él con sencillez y naturalidad con las palabras que broten espontáneamente, pedir su ayuda para sacar el fruto que se busca en ese rato de oración. Debemos ser honestos, sinceros y llenos de fe, la conversación con Dios nos va a llenar de paz y optimismo.

Lo más importante al ir haciendo estas reflexiones es ir dialogando con Dios preguntarle con sinceridad y disponibilidad, qué es lo que uno tiene que cambiar en su interior, pedir la gracia para ser generoso y modificar las actitudes negativas. Debemos ser lo más transparentes y directos, Dios nos conoce y sabría si le mentíamos.