¿Cómo somos aceptados por Dios?

¿Cómo somos aceptados por Dios?

Tú fuiste declarado perdonado por su gracia (su bondad), debido a la muerte de Jesús por ti. Recibiste su regalo de perdón por creer que Jesús ha pagado por tus pecados, ¿correcto? Tú no te ganaste el perdón. Tú simplemente creíste cuando Dios dijo que te había perdonado.

“… Cuando la bondad y amorosa consideración de Dios nuestro Salvador apareció, él nos salvó, no por actos hechos por nuestra justicia, si no por su misericordia.”9 En él nosotros tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados, de acuerdo con las riquezas de la gracia de Dios que nos ha otorgado…”10

Bien, ahora que eres cristiano, ¿cambian las reglas? ¿Dios tiene ahora una larga lista de expectativas para ti? No. Ahora podrías pensar: “Espera un momento, la Biblia está LLENA de mandatos. No puedes leer un párrafo sin que te diga qué hacer.” Eso es cierto, pero mientras Dios te da los mandamientos, también te dice que no puedes obedecerlos por completo. De hecho, te dice que entre más duramente trates de obedecerlos, más verás tus pecados.11 También, entre más trates, más te sentirás un fracaso, merecedor del juicio y condenación de Dios, y más distante te sentirás de Dios.

El apóstol Pablo habla acerca de la frustración que él también sintió. Miró a la ley de Dios y dijo: “El mandamiento es santo, justo y bueno.” Por más que trató de vivir de acuerdo a esto, siguió pecando. Él dijo: “Tengo el deseo de hacer lo que es bueno, pero no puedo hacerlo…el mal que no quiero hacer, es lo que hago.”12 En completa frustración él dijo: “Miserable de mí, ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” Su solución: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo nuestro Señor.”13

Los sentimientos de fracaso, pecado y condenación necesitan ser enfrentados con las Escrituras. “Ahora pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús.”14 “Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida.”15

Así que, cuando mires a los mandamientos de Dios, no pienses en obedecerlos con tu propio esfuerzo, en lugar de eso, pídele a Dios, que vive dentro de ti, que los produzca en tu vida. Si Dios dice que nos amemos los unos a los otros, no está esperando que vayamos con responsabilidad entusiasta y le mostremos lo amorosos que podemos ser. En lugar de eso, Dios quiere que dependas de él: “Dios, te pido que vivas en mi corazón y me ayudes a ver a esta persona como tú la ves y que pongas amor en mi corazón como tú lo amas. No puedo amar a la gente por mí mismo, pero te pido que tu amor se produzca en mi vida.”

¿Cuál es la diferencia?

Es la diferencia entre tratar de portarte bien para Dios por tus propios esfuerzos, y depender de Dios y confiar en Él para que viva a través de ti. No maduramos en independencia de Dios. Maduramos únicamente si permanecemos dependiendo de él, y él así lo quiere. Él quiere que experimentemos la libertad y el amor al estar en relación con él, confiando en él, dependiendo de él. Dios no espera que actuemos para él.

La Biblia se refiere a los mandamientos como “la ley”. Ahora que tú eres cristiano, no estás bajo la ley o bajo el juicio o condenación de Dios, en lugar de eso, tienes perdón y vida eterna. Has sido liberado de las exigencias de la ley.

Dios tiene un plan para tu vida, para usar tu vida en beneficio de otros y para su gloria. Tu relación es ahora con Dios, con su vida viviendo dentro de ti, produciendo buenas obras en ti.