¿Cómo encontrarle sentido a la enfermedad?

¿Cómo encontrarle sentido a la enfermedad?

Francamente, no es fácil contestar esta pregunta porque las Escrituras dan muchas razones por las cuales padecemos enfermedades.  Por lo tanto, es difícil determinar la causa que atañe a tu situación. Estas son algunas de las razones principales que se encuentran en las Escrituras.

¿Por qué permitió Dios esta enfermedad? ¿Qué sentido tiene este sufrimiento? ¿Cómo debe un creyente reaccionar a la enfermedad? Estas preguntas son muy difíciles.  Espero que este artículo te ayude a aclarar tu fe y te motive a tomar decisiones sensatas en los próximos días

A veces, Dios permite una enfermedad para llevar a cabo Su propósito.  Dios dijo que cierto hombre nació ciego “para que las obras de Dios se manifiesten en él” (Jn.9:3).  En otras ocasiones Jesús dijo que Él sanaba a una persona para glorificar a Dios (Jn.11:4).  Por lo tanto, de una  cosa puedes estar seguro, Dios llevará a cabo Su propósito en tu vida por medio de esta enfermedad.

Dios también usa la enfermedad para juzgar a la gente que se rebela en contra de Él.  El rey Joram es un ejemplo de este tipo de enfermedad (2Cr. 21:1-19).  Dios permitió que Joram se enfermara para que se humillara y le pidiera ayuda.  Las Escrituras dicen que Dios nunca aflige a nadie en vano sino que lo permite con la esperanza de que la persona abandone su pecado.  Jeremías declaró: “Porque el Señor no rechaza para siempre,  Antes bien, si aflige, también se compadecerá Según Su gran misericordia. Porque El no castiga por gusto Ni aflige a los hijos de los hombres” (Lam. 3:31-33 NBLH). El Rey Ezequías es un buen ejemplo de un hombre que buscó a Dios, fue sanado y se recuperó de su enfermedad (2 Reyes 20:1-5).

Si tú eres creyente–justo ante Dios–esta no puede ser la causa de tu enfermedad porque tú ya tienes una buena relación con el Padre.  

Sin embargo, si no tienes una relación personal con Cristo, es posible que Dios permita esta enfermedad para llamarte la atención.  Para resolver la duda de que ésta sea la causa de tu enfermedad, entrégale tu vida a Dios.  Invita a Jesús a que entre en tu corazón y pídele que perdone tus pecados.  La Palabra de Dios promete: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1Jn.1:9). Dios se deleita en mostrar misericordia (Miqueas 7:18-19).  Una vez que le hayas entregado tu vida a Cristo podrás eliminar la posibilidad de que esta sea la causa de tu enfermedad.

A veces Dios permite una enfermedad  para que sirva de testimonio de Su poder y Su gloria.  Un buen ejemplo de esta verdad es la historia de la víbora venenosa que mordió a Pablo después del naufragio.  Mientras Pablo recogía leña en la isla, una víbora se afianzó a su mano.  Él sacudió la mano y tiró la víbora al fuego, pero no sufrió ningún daño.  Los nativos de la isla vieron esto y pensaron que Pablo, de seguro, era un asesino y como escapó de la muerte en el mar, la justicia no le permitiría vivir.  Al ver que Pablo no murió, la gente cambió de opinión y pensó que era un dios.  El Señor usó esta situación para que la gente le pidiera a Pablo que orara por el magistrado de la isla que se encontraba enfermo.  Dios sanó a este hombre y luego muchos enfermos de la isla llegaron y también fueron sanados. ¡Qué testimonio! Y todo fue porque a Pablo lo mordió una víbora (Hch. 28:1-10).