La diferencia entre creer en Dios y vivir para Él

La diferencia entre creer en Dios y vivir para Él

Realmente estas  dos cosas son diferentes. Algunos vivimos equivocadamente creyendo que tener a Dios en el corazón se refleja en ir a misa o culto todos los domingos o ayudar a los pobres cuando ellos lo necesitan.

Sin embargo, no tenemos la necesidad de buscar a Dios cada día. Jugamos a tener una imagen “santa” para que otros nos vean, pero no somos diferentes a nuestros amigos, pero ¿para qué aparentar ser algo que no somos?

 
Vivir para Dios es algo de valientes y no es fácil, pero tampoco es algo que se puede aparentar. Cuando intentas engañar a otros solo te engañas a tí mismo. La Biblia dice que Dios no puede ser burlado y que todos daremos cuentas de sí en el tribunal de Cristo. Vivir para Cristo se refleja en una vida y aunque puede ser doloroso, vale pena. Vas a pasar por muchas pruebas, negarte a ti mismo, te vas a caer, pero Dios te va a levantar.

 

 

Dios no necesita más personas que parezcan cristianos, necesita personas que sean cristianas, que no tengan miedo de gritarlo, que no tengan miedo de poner a Dios en primer lugar en sus vidas, QUE NO TEGAN MIEDO DE SER DIFERENTES, que le digan al mundo lo feliz que se pueden ser con Dios en sus vidas. Personas que sean ejemplo, luz en las vidas de otros. 

¿Cómo sabemos cuándo algo es original y cuando algo es imitación? Si la copia es buena difícilmente podemos ver la diferencia a simple vista, podríamos incluso llegar a sentirla igual al tacto y hasta al olfato, ¿entonces cómo podríamos diferenciar lo auténtico de lo falso? A veces la única manera de saberlo es con el tiempo, cuando pasan los días y le damos uso a aquello que no sabemos si es original o imitación, la calidad, el modo de elaboración y el tipo de materiales utilizados terminan por desenmascarar la verdad que estaba tan bien guardada debajo de la superficie. Uno de los grandes retos que han surgido en la vida de aquellos que quieren agradar a Dios y conocerlo es que en nuestros tiempos más que nunca antes en la historia es muy fácil “parecer” cristiano, simular la santidad y hasta aparentar una relación con Dios.

La falta de compromiso sumada al anhelo por tener un estatus y una posición han llevado a la sociedad a hacerse expertos en las apariencias y las imitaciones. Tan sólo necesitas aprender los modos de hablar, de comportarte y hasta de vestirte e imitarlos para hacer creer a más de uno que tienes un estilo de vida diferente al que tu situación es en realidad. ¿Qué tan diferente eres delante de los demás a como lo eres cuando estás a solas?, ¿el estilo de vida que reflejas va de acuerdo a tu situación física, espiritual y económica? , ¿Conoces y buscas tanto a Dios como le has hecho creer a los demás?

Dejemos de parecer personas de fe, dejemos de aparentar que conocemos a Dios y que tenemos una relación con Él y comencemos a hacer de esta simulación una realidad. No se trata de a qué iglesia vas o de qué religión te dices ser, se trata de si conoces a Dios o no. La única manera de conocerle es mediante una oración donde le pidamos que sea el Señor de nuestras vidas y mediante la lectura constante de su Palabra, la Biblia, para entender y poner en práctica todos sus principios y mandamientos. ¿Qué tanto pareces cristiano y qué tanto lo eres? El mundo necesita ejemplos vivos y reales del amor de Dios, convirtámonos en uno.