¿Cuándo esta nuestra mirada en la dirección equivocada?

¿Cuándo esta nuestra mirada en la dirección equivocada?

Hebreos 12:2

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”

Pasamos tanto tiempo mirando nuestras dificultades, nuestras necesidades y enfermedades, que en muchas ocasiones olvidamos donde enfocar nuestra mirada, olvidamos poner la mirada correctamente en Nuestro Señor Jesucristo.

Es por eso que hacemos de nuestro Dios a un ser pequeño, tan pequeño como nuestra fe, y es ahí donde damos lugar a que nuestras angustias, dificultades o necesidades superen al Dios grande y Poderoso que nos Salvó, aquel nos llamó para hacernos sus discípulos, aquel que confío en nosotros por su amor y su misericordia y no por nuestras virtudes, ya que carecíamos de alguna virtud digna de él.

Pero fue por gracia que fuimos hechos salvos e hijos del Dios Altísimo, y es en él y en su Hijo Amado, Nuestro Señor Jesucristo, donde debe estar puesta nuestra mirada, no en las dificultades, es en JESUCRISTO que debemos enfocar nuestros  ojos, nuestra mirada, nuestra fe, nuestro caminar, nuestra vida entera.

Cuando enfocamos nuestra mirada en:

El hombre: Cuando confiamos en el hombre y ponemos nuestra mirada en el ser humano, estamos expuestos a ser decepcionados y retroceder.  Cuando nos fallan los líderes entonces nos vamos de la iglesia.  La palabra de Dios en Jeremías 17:5 nos enseña: “Maldito el hombre que confía en el hombre”.

El Mundo: Si nuestra mirada está puesta en el mundo, en los afanes del mundo y todo lo que nos ofrece, no podemos agradar a Dios: “El que quiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”, Santiago 4:4 lo dice.

Sí mismo: Si tu confianza está puesta en ti, en tus capacidades, en tu propia sabiduría, en tus fuerzas, entonces tu mirada está en un sentido errado, el Señor nos dice en su palabra según el Evangelio de San Juan 15:5 “separados de mí nada podéis hacer”.

El amor que sientes tu por él: el amor humano falla, se debilita y se rompe, debes mirar el amor que Dios te tiene, el amor de Dios hacia ti, ese que nunca se acaba y jamás se romperá, que es fiel y es para siempre, Jeremías 31:3 dice: “Con amor eterno te he amado”.