¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

¿Por qué Dios permite el sufrimiento?

Necesitas entender bíblicamente porqué Dios permite el sufrimiento.  Las siguientes Escrituras nos dan varias razones por las que Dios permite el sufrimiento en nuestras vidas.

 

Dios siempre tiene una razón y un propósito para permitir el sufrimiento.

Dios dijo claramente que Él tiene un propósito eterno para la vida de todo creyente.  Pablo declaró que en Cristo “hemos obtenido herencia, habiendo sido predestinados según el propósito de Aquél que obra todas las cosas conforme al consejo de Su voluntad” (Ef.1:11). Por lo tanto, puedes estar seguro de que durante este período de sufrimiento Dios está llevando a cabo Su propósito eterno en tu vida. Él obra por medio de todas las cosas que están sucediendo en tu vida para cumplir Su voluntad.

 

 

Dios permite el sufrimiento para que sepas que Él es Dios.

Dios también permite las pruebas y el sufrimiento para que en medio de todo reconozcas que Él es Dios.  Moisés les explicó a los hijos de Israel que esto sería el resultado de todos sus sufrimientos.  Les dijo: “Cuando estuvieres en angustia, y te alcanzaren todas estas cosas, si en los postreros días te volvieres a Jehová tu Dios, y oyeres su voz…Jehová tu Dios; no te dejará, ni te destruirá, ni se olvidará del pacto que les juró a tus padres… A ti te fue mostrado, para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera de él” (Deut.4:30-35).

Moisés le explicó al pueblo que las pruebas que ellos pasarían les ayudarían a reconocer que el Señor es Dios y no hay ningún otro Dios.  Ellos verían como la mano misericordiosa de Dios les ayudaría, proveería para ellos y los fortalecería. Fíjate que Dios no les dijo que nunca permitiría la angustia en sus vidas, sino más bien que no los abandonaría ni se olvidaría de ellos en medio de su sufrimiento.  Sin embargo, la clave para recibir esta revelación de que Dios es soberano y que te sostendrá, solo la encuentras cuando obedeces Su voz y crees que Dios no te ha abandonado y no ha abandonado Sus promesas. ¡Confía en que Él te ama y no te abandonará! Recuerda que Dios prometió: “No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré” (He.13:5-6).  Pídele al Señor esta confianza y esta seguridad en tu corazón.

 

 

Dios permite el sufrimiento para ponerte a prueba.

El sufrimiento revela tu reacción ante Dios y ante los demás.  ¿Culparás y maldecirás a Dios o confiarás en que Él llevará a cabo Su plan aunque tú no lo entiendas?  Dios les dijo a los judíos: “Pues te he purificado, pero no como a plata; Te he probado en el crisol de la aflicción” (Is.48:10). Nadie disfruta de las pruebas y las aflicciones que el sufrimiento conlleva, pero éstas, de hecho, refinan nuestro carácter y nos ayudan a discernir lo que realmente importa en esta vida.

Dios permite el sufrimiento para perfeccionarte y transformarte.

Dios permite el sufrimiento en Su plan eterno para madurarte y fortalecerte.  Pedro les dijo a los creyentes de su época: “Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca” (1Pedro 5:10). La palabra, perfeccione, en este versículo significa madurar.  ¿Cómo te madura y te fortalece el sufrimiento?  El sufrimiento te lleva hasta el final de tus propios recursos y te motiva a buscar la ayuda del Señor.  Cuando buscas la ayuda del Señor, Él te llena de Su Espíritu Santo y éste te habilita para perseverar.

Cuando perseveras, tu carácter se edifica naturalmente y nace la esperanza en tu corazón.  Observa cómo Pablo describe este proceso: “también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro.5:3-5).  Por lo tanto, puedes estar seguro de que Dios te ama y derramará Su Espíritu en tu corazón para ayudarte y fortalecerte en medio de tu prueba.  Pídele que te madure por medio de este sufrimiento.