El poder que obra en una madre entregada a Dios

El poder que obra en una madre entregada a Dios

Nos ha costado entender que desde su instinto materno hay un cuidado especial por nosotros que las hace de por sí ser seres maravillosos. Pero te has preguntado qué sucede cuando tu mamá vive una vida entregada a Dios y como eso te afecta a ti el hijo criticón.

 

Cualidades de una madre entregada a Dios

 

  1. Posee un Agudo Sentido De Discernimiento. “El corazón entendido busca la sabiduría” (Proverbios 15:14).

 

Una buena madre que permanece en contacto con Dios logra mantener un corazón entendido. Ella está dispuesta a crecer en el conocimiento a través de la lectura de la palabra de Dios y la absorción de la enseñanza de madres piadosas maduras en la fe. Dios concede discernimiento en la vida de sus hijos, para que puedan ser específicamente bien entrenados en justicia.

 

  1. Persiste en la oración en todo momento “… La necesidad de orar siempre y no desmayar” (Lucas 18:1).

 

Una madre  nunca se da por vencida de sus hijos pródigos. Personas lo quitarían de la lista y verían a un hijo rebelde como una tarea difícil, pero no para una madre que ora. Esta madre se ve obligada y animada por el Espíritu Santo a mantener la oración sin importar nada.

 

  1. Demuestra Amor Incondicional “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor”(1 Juan 4:18).

 

Una madre que ama a Dios con todo su corazón no tiene miedo de amar incondicionalmente a sus hijos. Su amor estimula la confianza en su descendencia, ya que nunca se desanima por la conducta de sus hijos, al contrario esta confiada siempre en el Señor.

 

  1. Cultiva un ambiente alegre. “En tu presencia hay plenitud de gozo” (Salmo 16:11).

 

Los que entran en la casa de una madre piadosa sienten la presencia del gozo. Su gozo profundamente arraigado la sostiene en las dificultades de vivir en un mundo impío y pecador. Ella tiene la capacidad de animar a sus hijos hacia el gozo en cada situación.

 

Muestra firmeza en la Palabra de Dios. “Buen entendimiento tienen todos los que practican sus mandamientos” (Salmo 111: 10).

 

Ella medita en las Sagradas Escrituras siempre, la comparte y la enseña a sus hijos. Su familia es testigo de su diligencia y aprende de su ejemplo para aplicar las enseñanzas de Dios en su vida diaria.