¿Cómo alcanzar la santidad y entender qué es?

¿Cómo alcanzar la santidad y entender qué es?

Ser santo no es hacerlo todo bien, ni ser perfecto.Cada vez que pretendemos la perfección se nos hace imposible lograrlo. Pero ser santos es estar apartados del pecado, seguir a Jesús y querer imitarlo en todo. 1 Pedro 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”.

 

Muchas veces el corazón nos traiciona. Si fallamos nos sentimos poco santos, nos alejamos de Dios o decidimos escondernos. Nos vemos sucios y mezquinos. Debe ser que en el fondo del alma no acabamos de creer en su misericordia.

 

Todos luchamos por ser santo en el fondo del alma. No por aparecer en el recuerdo de tantos. Como aquel que escribe en su cuaderno personal esperando que algún día alguien lea sus reflexiones y las guarde como un tesoro espiritual.

 

Intentar ser santo no debe convertirse en un reto porque la panza de Dios no viene a perturbarnos, sino por el contrario a redarguirnos y edificarnos, de manera que encontremos en ella aliento. Romanos 7: 12De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”.

 

Nos atrae la idea de sabernos  amados profundamente por Dios siempre y querer amarlo siempre a Él con todo nuestro corazón.

 

La santidad entonces deja de ser un camino de autosantificación, para convertirse en una vida de servicio, de entrega. Amar y ser amados. Parece tan sencillo y nos encontramos tan lejos, pero si confiamo en Dios poco a poco irá limpiando el camino hasta que encontremos algo de esa santidad que el promete en su palabra.

 

No debemos luchar como esclavo por hacerlo todo bien, por cumplir expectativas, por responder a lo que la vida parece pedirnos. Una vida con Dios y apartados del pecado es algo que debemos disfrutar, trae recompensas eterna que para este momento nos son difíciles identificar pero que en el futuro traerán gozo.

 

Hebreos 12: 11 “11 Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.

 

En eso consiste la verdadera santidad. En amar bien a cada uno, sin distinciones, en todo momento, en toda circunstancia. Y no consiste en poner el acento en mi propio yo, en mi esfuerzo, en mi lucha diaria.

 

Se construye cuando me dejo hacer. Cuando camino tratando de dar más, de amar más. Intentando sembrar esperanza. Preocupado más de los demás que de mí mismo. Sabiendo que Dios me hace nuevo cuando yo me dejo hacer. Y construye conmigo cuando me dejo utilizar por Él.