Las formas de la oración

Las formas de la oración

La forma como estamos acostumbrados a hablar con Dios es la oración que hacemos en palabras, la oración vocal. Pero hay muchas que son de nuestros libros de oraciones. También oramos escuchando una oración, en especial si estamos bien estimulados, con un corazón muy cercano a Dios, entrando con todo en el espíritu de la oración.

Muchas oraciones de hombres buscadores de Dios y la santidad, traen incluida gran fuerza, si las leemos, las escuchamos y las seguimos con gran atención, nuestra alma se inflamará de gozo. Y si nos vamos adentrando en el alma de la oración, dejando que el espíritu se comprenda en ella, obtendremos la fuerza que trae incluida.

Estas pequeñas razones nos invitan a estar siempre dispuestos a orar, porque si no lo estamos, no podremos conseguir la fuerza de la oración. Estar dispuestos es estar preparados para sentirnos cercanos a Dios al orar.

No debemos orar de manera rápida y sin afecto. Nuestra propia experiencia nos lo dice, que no nos resultan nuestros ruegos cuando le pedimos a alguien algo para nosotros si los hacemos de modo poco atento, o si nos damos poco tiempo para hablar o recibir una respuesta. También la experiencia nos enseña que si pedimos algo a alguien, hay darse tiempo para agradecer y mostrar nuestra satisfacción. Por esa razón, al orar hay que mostrase afectuoso con Dios y al final de nuestros momentos de oración agradecer a Dios el encuentro que se ha tenido.
Entonces busquemos orar despacio, con gran atención; no es un diálogo obligado, recitando la oración, convirtiéndola lentamente en una oración mental, buscando que nos eleve muy alto.