Josué: hombre de fe y gran valentía

Josué: hombre de fe y gran valentía

El libro de Josué relata la entrada de Israel en la Tierra prometida y el juicio de Dios sobre las naciones paganas. Se trata, por lo tanto, del fin de la historia de la redención que había comenzado cuando Dios sacó a su pueblo de la esclavitud en Egipto. Vemos así la fidelidad de Dios a sus pactos y también su santidad manifestada en sus juicios contra los inicuos. Podemos decir que el libro de Josué ilustra la historia de la salvación que finalmente haya su pleno cumplimiento en Cristo…

 

Josué 1:9

El libro de Josué completa la redención que había comenzado en el Éxodo. Aquí la palabra clave es “posesión”. Dios les había dado la tierra, pero ellos tendrían que luchar para poseerla y disfrutarla. Y como Moisés había explicado al pueblo, sería su obediencia a la Palabra lo que determinaría el éxito de esa tarea. El hombre elegido por Dios para esto fue Josué. Su nombre significa “salvador” y necesariamente nos recuerda al Señor Jesucristo. Por el contrario, Moisés representaba la ley, y ésta nunca puede salvarnos, por esta razón Josué tuvo que sustituir a Moisés. Aquí aprenderemos lecciones importantes sobre nuestra propia “guerra espiritual” para llegar a disfrutar las bendiciones que Dios ya ha ganado para nosotros…

 

Josué 1:10-2:7

Josué preparó al pueblo para cruzar el río Jordán. Para ello, él mismo tenía que confiar en Dios y tener valor ante los hombres. Luego les mandó que prepararan comida, lo que nos recuerda que nosotros también debemos ser llenos del Espíritu Santo antes de enfrentar la lucha espiritual en la que estamos inmersos como creyentes. Luego se abordó el asunto de las dos tribus y media que habían tomado posesión de los territorios al otro lado del Jordán. Finalmente, Josué envió espías a Jericó que fueron recibidos y apoyados por Rahab, una mujer ramera que sin embargo había llegado a confiar en el Dios de Israel…

 

Josué 2:8-4:9

Cuando los espías llegaron a Jericó fueron recibidos por Rahab la ramera, quien estuvo dispuesta a protegerlos a pesar de que pertenecían a un pueblo enemigo. Ella había escuchado lo que Dios había hecho con el pueblo de Israel y decidió poner su fe y confianza en el Dios de ellos. De hecho, todos los habitantes de Jericó y de los otros pueblos habían tenido las mismas oportunidades, pero en lugar de creer, endurecieron sus corazones ante las evidencias que Dios les había dado. Después los israelitas cruzaron el río Jordán de una forma milagrosa. Era evidente que Dios iba con ellos, o mejor dicho, ellos iban con Dios quien fue delante manifestando su presencia por medio del arca del pacto.

 

Josué 4:19-5:15

Después de cruzar el Jordán, los israelitas debieron construir un altar con doce piedras tomadas del río para enseñar a sus hijos la historia de su salvación. Esto nos recuerda la importancia de enseñar a nuestros hijos el evangelio. Después tuvieron que ser circuncidados como un símbolo de su ruptura con Egipto y el mundo para así poder disfrutar de la Pascua y las bendiciones espirituales de la Tierra Prometida. A partir de ahí cesó el maná y empezaron a comer del fruto de la tierra, un símbolo también de la nueva vida en Cristo. Y por último Josué tuvo un encuentro con el “Príncipe del ejército del Señor”, quien iba a dirigir la batalla. Sin duda, esto tuvo que ser de mucho aliento para Josué.