¿Cómo huir de la fornicación?

¿Cómo huir de la fornicación?

“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” (1 Corintios 6:18).

Cuando entendemos que el consejo de Dios es “huye de la fornicación”, quizás haya más de uno preocupado, porque renunciar al pecado sexual no es una tarea fácil. La carne siempre será carne y el espíritu, espíritu. Nuestros deseos permanecerán mientras estemos en este cuerpo. Así que será bueno echar una mirada atenta a los consejos de Dios para que ninguno deshonre a su Creador.

Muchos le piden ayuda a Dios para dejar sus pecados. Algunos podrán estar pensando cómo Dios los ayudará a terminar con los pecados sexuales. Irresponsablemente muchos le dejan todo a Dios, como si él tuviera una varita mágica para transformar vidas. Dios nunca ha hecho tal cosa. La manera en la que Dios actúa para transformar el corazón de las personas es mostrándoles de muchas maneras lo inmenso de su amor por ellas, dándoles su sabia palabra de verdad y queda en ellas responder a tal impulso.

Alguna vez una persona se preguntó y se respondió a sí misma lo siguiente: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra.” (Salmos 119:9). Si alguno quiere limpiar su camino de cualquier pecado debe guardar la palabra de Dios. No simple y llanamente el mandamiento, sino seguir los lineamientos para vivir alejado de su propia maldad. Así que si ya tenemos Su palabra, ahora estudiemos qué debe hacer una persona para mantenerse alejada –y sus deseos a raya– de los pecados sexuales.

Ahora tomaremos un ejemplo de las propias Escrituras en donde miraremos los errores que cometen los jóvenes (y no solo ellos, sino cualquier persona) que los llevan a la fornicación. Citemos el siguiente pasaje:

Muchas cosas podemos aprender de este pasaje y es digno de atención, sobre todo si eres joven, porque el personaje principal es precisamente alguien como tú.

Los jóvenes no están condenados a caer en fornicación. En la Biblia se nos narra de un joven llamado José. Cuando leemos su historia vemos que en su vida se conjugaron las mismas circunstancias que llevaron a nuestro desgraciado joven de Proverbios 7 a pecar. Pero sí que hay una diferencia: José no era ningún simple y falto de entendimiento. Su amor y temor por Dios lo hicieron salir victorioso de la tentación.

“Aconteció después de esto, que la mujer de su amo puso sus ojos en José, y dijo: Duerme conmigo. Y él no quiso, y dijo a la mujer de su amo: He aquí que mi señor no se preocupa conmigo de lo que hay en casa, y ha puesto en mi mano todo lo que tiene. No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.” (Génesis 39:7-12).

No hay mejor manera de huir de la fornicación sino haciendo exactamente eso: renunciar a la fornicación. Y nadie puede huir si no considera los consejos de las Escrituras.